Hace poco me preguntaba cuál es la forma más rápida que conozco de transformar mi realidad, de manifestar mis sueños, de cambiar mis relaciones.

De todas las herramientas con las que he experimentado, las que mejor me han servido han sido dos.  La primera es ESCUCHAR, sí, con mayúsculas.  Y escuchar incluye para mi “escuchar-me”, lo que digo, como lo digo, y desde dónde lo digo.

Al escucharme con atención, detecto mis creencias, los temas con los que reacciono, a los que muestro una sensibilidad que no deseo, aquellos que influyen en mi estado de ánimo.  De esta escucha profunda, obtengo información valiosa sobre patrones mentales, suposiciones acerca de las personas con las que converso, y acerca también de cómo veo la realidad, que luego puedo transformar fácilmente, y sustituir por creencias empoderantes que me permitan construir y tener una experiencia diferente de la realidad.

Al escuchar a otras personas, lo que observo es cómo crean su realidad.  Si son personas de las que admiro alguna faceta, puedo encontrar sus creencias en torno a ese área de su vida y “modelarlas”, esto es, decidir conscientemente escoger creencias similares para replicar su “éxito”, eso que admiro, en mi vida.  De nuevo también puedo escucharme frente a lo que dicen otras personas y a la vez escucharles a ellas y adquirir información sobre mis creencias.

¿Por qué es tan importante esto?

Escuchando con profundidad, con presencia, comprendo cómo creo mi realidad a partir de mis creencias, y adquiero control sobre el proceso, tomando consciencia y cambiando mi realidad hacia aquella que deseo.  Es como ir al frente del timón en el barco de mi vida y observar con detenimiento el paisaje y las estrellas para ver qué rumbo estoy llevando y cómo se corresponde con el rumbo y destino que deseo llevar.

La segunda herramienta es el lenguaje que utilizo.  Escojo las palabras en su mayor parte con consciencia, y cada vez con más consciencia.  El lenguaje es la primera manifestación fuera de nuestra mente de nuestros sueños y nuestras creencias, y por ello es a menudo la primera oportunidad que tenemos para crear nuestros sueños.  Podemos escoger nuestro lenguaje para crear lo que deseamos, utilizando palabras y frases afirmando esa realidad.

A menudo he escuchado frases del estilo: “es que lo que no quiero es…” y a continuación una retahíla de palabras, con un tono cargado de emociones, que describen ampliamente una opción contraria a lo deseado.  ¿Cuándo vamos a usar el lenguaje para expresar sólo aquello que deseamos?

Don Miguel Ruiz ya lo expresa en un maravilloso libro, que te recomiendo, “Los Cuatro Acuerdos”:  El primer acuerdo es “ser impecable con la palabra”, y ser impecable implica usar las palabras sólo para expresar cosas buenas, bienestar, afirmar la vida, la paz, y todo aquello que realmente deseemos.   También la madre Teresa de Calcuta decía “nunca me verán en una manifestación contra la guerra, pero cuenten conmigo para toda manifestación por la paz”.

Es diferente hablar de lo que NO deseamos que hablar de lo que deseamos:  nuestro enfoque, atención, y energía va a lugares distintos, y el impacto emocional en nosotros y en los demás también es distinto.  Suena muy diferente la queja del compartir nuestros sueños, hablar de lo que “no va bien” que apreciar lo que va bien y compartir cómo sería aún mejor.  Hace unos días una gran amiga, Eva Sandoval, dio una magnífica conferencia sobre la importancia del lenguaje.  Puedes verla aquí.

Te ofrezco una práctica que transformará tu vida cuando decidas ejercerla:

Escucha y escúchate en tus conversaciones, y toma nota de lo que dices y el efecto que tiene en cómo te sientes y cómo se sienten los demás, y decide a partir de hoy utilizar solo frases afirmativas que expresen lo que deseas, lo que aprecias, lo que ves de positivo en cada situación, en cada relación, simplemente escogiendo partir de esa perspectiva “¿qué es lo que puedo apreciar, valorar y agradecer de lo que sucede ahora, de lo que esta persona está compartiendo conmigo, de mi realidad actual?.  Te propongo que lo hagas durante una semana y me digas qué has observado y qué es diferente.  Si llevas un diario, te será aún de mayor utilidad.

¡Me encantará recibir tus comentarios!