Esta mañana tuve el honor de dar una conferencia-taller en el Colegio Víctor Manuel Guzmán de Ibarra, Ecuador, y compartir experiencias y aprendizajes con un grupo extraordinario de más de 50 maestros y maestras.  Este centro educativo público es uno de los más grandes de Ibarra, con más de 2000 estudiantes que vienen de grupos raciales y estratos socio-económicos muy diversos.

A lo largo de la conferencia, titulada “Disfrutando nuestra vocación”, fueron surgiendo preguntas y casos prácticos muy interesantes. Uno de los comentarios que más llamó mi atención fue la creencia que expresó uno de los maestros acerca de que “la desigualdad fomenta la superación”, en el contexto de las diferencias en el aprendizaje que había advertido entre l@s niñ@s en sus clases.  También expresó la creencia de que “resulta difícil dar clase cuando los estudiantes provienen de familias con condiciones sociales, económicas y culturales tan diversas”.

¿Qué podemos hacer para disfrutar más las experiencias que compartimos durante nuestras clases como docentes?

Siempre podemos elegir ver esa diversidad como una oportunidad, como un ambiente rico en culturas, vivencias, y perspectivas, y generar aprendizaje a partir del diálogo, de compartir lo mejor de cada trasfondo cultural, de cada familia, desde la curiosidad auténtica y el respeto.  Esto que parece obvio… ¿cómo lo conseguimos?

Para ello hace falta generar una serie de acuerdos en clase:

  • Lo importante es la relación.
  • Siempre hay algo de verdad en cualquier perspectiva
  • Elegimos alinearnos con esa parte de verdad que sentimos en la perspectiva del otro, y construimos nuestra perspectiva a partir de esa verdad.

Ya, pero… ¿cómo nos alineamos?

Algunas frases que sirven para construir ese alineamiento son:

“Lo que más me gusta de tu perspectiva es… y además creo que …”

“Me encanta eso que dices de… y además veo que …”

“Estoy de acuerdo con … y también creo que es importante…”

De esta manera vamos construyendo alineamiento y ampliando nuestra visión hasta adquirir una comprensión más amplia sobre el tema de interés, enriqueciendo nuestra capacidad de síntesis y nuestra relación con los participantes en el diálogo.  Esto permite también lograr soluciones creativas de consenso en temas en los que aparentemente existe un conflicto y, lo que es igual de importante, que todos los presentes en el diálogo se sientan parte y se apropien de la solución, con lo que las posibilidades de llevarla a la práctica con éxito aumentan considerablemente.