Este fin de semana tuve el placer de participar en la primera edición del Festival de la Tierra que se celebraba en Tabanera de Cerrato, un pequeño pueblo de la provincia de Palencia, España.

A lo largo de los últimos años, este pueblo ha pasado de estar casi desierto en invierno a convertirse en un núcleo de atracción de gente joven, la mayoría profesionales, que deciden dejar las grandes ciudades para disfrutar de una vida relajada, saludable y en armonía con la naturaleza.

Durante este festival pudimos participar en una sesión poética y dialéctica con Jeromo Aguado y Gustavo Duch sobre el uso del suelo, los agrocombustibles, el hambre y la producción de alimentos, y comprender un poco sobre “la soberanía alimentaria“. Este concepto se refiere a la capacidad de producir nuestros propios alimentos, de una manera natural y en acuerdo a tradiciones y conocimientos milenarios en nuestra especie.

En la tarde tuvimos la oportunidad de conocer más sobre cosmética y productos naturales, sobre el uso de derivados del petróleo en cosmética y sus efectos en la piel, y de probar los productos naturales elaborados por La Abuelita Ceiba de la mano de Ali y Lidia, residentes en Tabanera de Cerrato.

En la tarde, en medio del paisaje de ruinas de adobe del barrio de abajo de Tabanera, degustamos de un maravilloso concierto de música folclórica con instrumentos tradicionales como el pandero cuadrado, e incluso una canción a capella acompañada por palmas y una mesa como único instrumento, “Panaderas de Castilla”, con el grupo El Naan, cuyo cantante principal, Carlos Herrero, y letrista, Héctor Castrillejo, se han establecido también en esta localidad.

Son las pequeñas cosas, como pasar un día en el campo en familia, disfrutar jugando al “veo-veo” con mi hija en el coche, de camino a la escuela, cultivar el huerto, contemplar la puesta o la salida del sol, mirar el cielo estrellado en una hermosa noche de verano… son las pequeñas cosas las que muchas veces crean recuerdos magníficos que, cuidadosamente ordenados, nos sirven para construir el álbum de nuestra vida.  La gratitud por las cosas cotidianas, por disfrutar de una comida saludable en compañía de alguien a quien apreciamos, por respirar aire puro, por estas dos piernas maravillosas que a muchos de nosotros nos sirven para ir de un lugar a otro, correr, saltar de alegría, y bailar con pasión, por estos dos ojos que nos permiten ver, observar, conectar con un desconocido, expresar amor con la mirada… tantas cosas que, a veces olvidamos dar valor, …las pequeñas cosas.

Cuando apreciamos las pequeñas cosas, la vida se convierte en una colección de experiencias maravillosas, de sensaciones, como diría mi amiga Blanca Holanda, y todo se vuelve mágico.  Es como un bálsamo que nos sana de las experiencias y situaciones “menos agradables”, de los momentos de ansiedad, miedo, y escasez.  Cuanto más celebramos estas “pequeñas cosas”, cuanto más las agradecemos y tomamos consciencia de ellas, más somos capaces de crear una vida maravillosa con nuestra mente.

¿Qué pequeñas cosas escoges celebrar y agradecer hoy en tu vida?  ¿Qué más puedes celebrar de lo que ya vives?

Te dejo este fantástico cortometraje sobre las pequeñas cosas.

¡Qué tengas un gran día, lleno de pequeñas cosas que celebrar!